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    Lucha en las praderas, la mayor pasión deportiva de los mongoles

    1:15 am02/23/2017

    Ulán Bator, 23 feb (EFE).- Ni fútbol, ni baloncesto, ni otros espectáculos deportivos de masas: lo que apasiona de verdad a los aficionados al deporte en Mongolia es la lucha tradicional, un deporte que ayudó a los guerreros de Gengis Khan a conquistar casi toda Asia y media Europa.

    Miles de personas en el extenso país de Asia Central se concentran en explanadas o conectan sus televisores para poder ver los grandes torneos de “buj”, el nombre con el que los mongoles llaman a su lucha tradicional, y que se suelen celebrar en julio y en febrero o marzo, coincidiendo con grandes fiestas religiosas.

    “La lucha está en la sangre de los mongoles”, explica a Efe el historiador Shagdar Myagmar, cronista de un deporte que según él tiene al menos 2.000 años, aunque algunos hallazgos arqueológicos apuntan a que podría tener cuatro o cinco milenios más de antigüedad.

    Fueron sin embargo las hordas de Gengis Khan los que lo popularizaron, ya que los ejércitos nómadas veían este ejercicio como un gran método de mantenerse en forma y con espíritu combativo, un origen que aún rodea de testosterona este deporte exclusivamente practicado por hombres en Mongolia.

    “Históricamente ser luchador era la manera de pasar de niño a hombre, en fuerza y comportamiento”, cuenta en una entrevista a Efe Sanjaa Gantur, director de la Asociacion Nacional de Lucha y comentarista en los grandes torneos anuales, como el de Año Nuevo o el de Naadam (10 de julio), la principal fiesta de los mongoles.

    La lucha mongola tiene muchas diferencias con las que se practican a nivel internacional, las modalidades olímpicas grecorromana y libre: por ejemplo, no se divide en asaltos con límite de tiempo, y no hay modalidades según el peso, así que no es raro ver en los torneos de Mongolia a mastodontes de 160 kilos luchando contra adversarios que pesan la mitad.

    Vestidos únicamente con un “shuudag” (especie de bañador tipo slip) y un chaleco igual de minimalista llamado “zodog”, los luchadores de “buj” pelean por ver quién es el primero que logra que el rival toque el suelo con una parte del cuerpo que no sean los pies, lo que le valdrá la victoria inmediata.

    El historiador Myagmar cuenta que Mongolia conserva resultados y nombres de campeones desde el siglo XVII, una larga historia que pocos deportes más tienen en el mundo, lo que permite admirar aún a campeones como Shagdar Namkhai, que logró a finales del siglo XIX y principios del XX un total de 19 campeonatos estatales, todo un récord.

    Entre los aún vivos, la leyenda es Badmaanyambuugiin Bat-Erdene, vencedor de 12 títulos y que tras retirarse de los combates inició una activa carrera política como diputado de la asamblea nacional.

    “Los ganadores son gente muy famosa entre los mongoles, son una preciosa herencia de la cultura”, cuenta el historiador desde su despacho en el Palacio de la Lucha, el principal estadio para este deporte en Ulán Bator, adornado en su segundo piso por cuadros de los campeones más admirados de la Historia.

    El camino es largo para que el luchador pueda ver colgado su retrato ahí: primero hay que ganar en los torneos locales de las comarcas mongolas, luego en los de cada región, y finalmente en el estatal, donde será proclamado “león de la nación”.

    Si consigue vencer dos campeonatos pasa a ser “gigante de la nación”, y con cinco se alcanza el nivel máximo, “invencible gigante de la nación”, algo que muy pocos han logrado.

    La lucha mongola, señalan los dos expertos, es una excelente base para dedicarse a otros deportes de combate, y por ello no es de extrañar que deportistas de este país hayan ganado medallas olímpicas en lucha libre, boxeo o judo.

    Sin embargo, donde los mongoles inicialmente formados en la lucha de las praderas han logrado un mayor éxito internacional ha sido en el sumo, el deporte de combate que también apasiona a los japoneses.

    En el sumo, de hecho, el luchador con el mejor palmarés (19 títulos en la máxima división) es un hombre originario de Ulán Bator llamado Mönkhbatyn Davaajargal pero que en Japón adoptó el nombre de guerra de Hakuho Sho.

    Durante 14 años (desde 2003 a 2017) los cuatro luchadores de este deporte que lograron el título de gran maestro (yokozuna) fueron hombres nacidos en el país de Asia Central, aunque el pasado enero por fin un oriundo de Japón, Kisenosato Yutaka, logró arrebatarles ese máximo honor deportivo.

    “La lucha mongola tiene 720 movimientos diferentes, muchos pueden ser de ayuda en otros estilos de lucha internacionales, así que es fácil para el combatiente mongol cambiar a otros deportes”, señala Myagmar.

    Los niños lo practican desde los cinco años, y hasta hace escasas décadas, en los torneos podía verse a competidores de hasta setenta: la lucha ocupa gran parte de la vida de los fornidos mongoles, tanto los nómadas que habitan en las inmensas praderas como los más urbanos de Ulán Bator.

    Antonio Broto







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